17 de junio 2015 – miercoles, aniversario de los 59 años de sacerdocio

El Padre Celestial habla en el aniversario de los 59 años de sacerdocio, después de la santa misa de la ofrenda en latín por Pio V. en la capilla de la casa de Gloria en Mellatz, a través de su instrumento e hija Anne.

Anne: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El Padre Celestial habla:

ustedes celebran hoy la santa misa de la ofrenda de mi querido hijo sacerdote Padre Rudolf Lodzig. El mismo estuvo sumergido en una luz color oro, en la luz de mi Hijo Jesucristo. El celebra desde hace 11 años aproximadamente la santa misa de la ofrenda en el rito latín por Pio V. en la total verdad. Él es casi el único sacerdote que cree verdaderamente y confía en mis mensajes y los cumple totalmente.

Mi querido hijo sacerdote, en tu 59 aniversario de sacerdocio deseo hoy darte la bendición. Tú has seguidos deseo. Tú no has preguntado: que me sucederá cuando yo creo en los mensajes, cuando yo como guía espiritual, desde hace aproximadamente 11 años actuó y cargo con aflicciones, necesidades, todas las enfermedades y todas las persecuciones y calumnias.

Muchos sacerdotes no están dispuestos a seguir mis mensajes. Celebran la misa en el rito latín, pero cuando se trata de mis mensajes no lo creen. Y eso es muy triste, porque yo paso esos mensajes no solo para mi pequeño rebaño, sino también para que mis mensajes salgan al mundo para que la gente, sobre todo, para que los sacerdotes puedan regresar.

Mi pequeña mensajera Anne, la única mensajera, que tiene su guía espiritual a su lado, para que la acompañe y la apoye, él está con ella en toda situación. nunca ha fallado, ni cuando han perseguido al pequeño rebaño. En el momento son muy perseguidos por ese director del santuario en Wigratzbad. Le levantan calumnias para que mi hijo sacerdote caiga, y para perjudicar a mi pequeño rebaño, especialmente a mi pequeña mensajera, la que lleva todo con paciencia y amor. No ella no se da por vencida ni cuando, los otros mensajeros la menosprecian.

Mi querido hijo sacerdote, gracias por tus muchos años, en los que tú te has mantenido hasta ahora, donde has celebrado siempre la santa misa de la ofrenda en el rito latín, por Pio V. en la total verdad. Te seguirán persiguiendo y despreciando. Muchos sacerdotes no van a creer que eres mi querido hijo sacerdote, el elegido. ¡Sí, eso eres tú! Yo te he elegido y escogido desde toda la eternidad. Esto no lo podías imaginar ni investigar. Y que tan grande es tu tarea, tampoco puedes entender. Tu estas en mi plan y en mi voluntad. Tú me pasaste tu voluntad. También por eso quiero darte las gracias hoy. No renunciaste ni cuando se puso más difícil. Cuando te presionaba la cruz tus hombros, entonces has dicho: “si, Padre, así como tú lo deseas y no como yo lo quiero.” Como sean tus caminos, así los seguiré, también si se me hace difícil y no lo pueda sondear. Especialmente entonces digo yo: si Padre. Todo lo soportare con paciencia, amor y con humildad. Tú también has dicho: quiero crecer en la humildad. Yo no quiero engrandecerme, no. Los fracasos también son indispensables.

Ayer fueron interrogados nuevamente por la policía. Eso fue un camino duro para ustedes. Y de todas formas cumplieron con mi deseo. Ustedes han confiado en que el espíritu Santo les ilumino en esa interrogación. Y así fue. Fue mi deseo que ustedes pagaran la contradenuncia, porque les acusaron de la mentira. Confíen, que todo sucederá como es mi plan.

Ustedes van a continuar por esa calle en mi santuario de oración en Wigratzbad y rezan abiertamente el rosario en la calle y no se desvían ni un paso de esa calle, porque se les quiere sacar de ese santuario de oración. Pero yo no deseo eso ni quiero que les siguán acosando de la mentira.

Ahora escucharan la contrademanda por la policía, así como es mi deseo. Y todo lo que sucederá esta en mi deseo y mi plan. ¡Confíen profundamente y crean!

Celebren hoy ese día especial con vuestro pequeño rebaño. Vuestros seguidores están incluidos ahí. Gracias por todo lo que sucedió en esos 11 años. Fueron años muy difíciles, pero en la Divinidad de Dios la vencieron.

Gracias por todo vuestro amor, por toda vuestra fidelidad.

Y así los bendigo yo hoy en la fuerza Divina, en la santísima Trinidad, con mi querida Madre, todos los Ángeles y Santos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

¡Permanezcan fieles al Cielo!

¡Sigan dando esos pasos con valentía hacia delante! Amén

Registre su correo electrónico para recibir actualizaciones

Print Friendly

Deja un comentario

E-Mail Adresse wird nicht veröffentlicht.

*