15 de septiembre 2016 – fiesta de los siete dolores de María

La Madre de Dios habla después de la santa misa de la ofrenda en el rito latín, por Pio V. a través de su voluntaria, obediente e humilde instrumento e hija Anne.

Anne: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Nosotros hemos celebrado hoy en homenaje a los siete dolores de María una santa misa de la ofrenda por Pio V.

La Madre de Dios quiere hablar hoy, en su día de fiesta:

Yo, vuestra querida Madre Celestial hablo ahora y en este momento, a través de mi voluntaria, obediente instrumento e hija Anne, la que está en la total voluntad del Padre Celestial y solamente repite palabras que hoy vienen de mí.

Querido pequeño rebaño, queridos seguidores y queridos peregrinos, de cerca y de lejos. Todos ustedes han sido llamado hoy, a cargar su cruz voluntariamente en sus espaldas.

Yo, vuestra querida Madre, he cargado la cruz por ustedes antes, la cruz más pesada. Ustedes no lo podrán medir, que dolor tan grande traspaso mi corazón. Cuando mi Hijo Jesucristo fue clavado en la cruz, para redimir a toda la humanidad. Yo, como su Madre he tenido que cargar con el sufrimiento.

¿Y cómo se ve con ustedes, mis queridos hijos Marianos? ¿No tienen ustedes también una cruz especialmente pesada para cargar? ¿No es acaso también vuestra cruz vista humanamente con frecuencia muy pesada, de tal forma que con frecuencia les roba el sueño? Entonces es cuando ustedes están en lo correcto, mis queridos son los seguidores de la cruz. Mi Hijo Jesucristo la ha cargado antes que ustedes. Él ha sufrido el dolor más grande por ustedes. Yo, como Madre y redentora, he sufrido esos dolores.

Para todos ustedes es muy difícil, de tener que vivir en esta iglesia modernista, la que está destrozada. Yo hubiera preferido ver, mis queridos niños de María, esta verdadera iglesia católica en primer plano, y que se respetara más esta iglesia.  Porque no se celebra esta única verdadera misa de ofrenda en el rito tridentino hasta hoy, aunque los sacerdotes saben, que están en la fe equivocada. Todavía no se ha cumplido el tiempo, todavía los sacerdotes están en la equivocación.

Si, mis queridos, los sacerdotes han perdido su mente. Esto es el fin de los tiempos.

Mi Hijo Jesucristo tiene que vivir todo esto, porque los sacerdotes lo crucifican de nuevo. No están dispuestos, como sacerdotes de la ofrenda, servir a mi Hijo. Solamente, cuando existan sacerdotes de ofrenda se puede resucitar una nueva iglesia gloriosa. Se tiene que volver a respetar la iglesia católica, porque es la única iglesia santa. Nunca existirá otra iglesia verdadera.

En el momento se aplasta esta verdadera iglesia y sus mensajeros, que ha enviado mi Hijo Jesucristo, son despreciados. No deben tener posibilidad de traer la verdad al mundo. Serán acusados deshonrado y boicoteados. Y a pesar de todo irán a anunciar la verdad, aunque sean acusados de fantasiosos. Ellos son los mártires del alma. Nada los detiene, de anunciar al Dios Trinitario. Yo llevo todos los mensajeros al Padre Celestial que los soporte con fuerza para que permanezca con ellos y nunca los abandone.

Su Madre más querida, mis queridos ha sufrido el dolor más grande. Miren a esta cruz, que le llevo al punto de sufrir por amor ¿No he yo como vuestra Madre, sufrido el dolor más grande, cuando pusieron mi Hijo muerto, sobre mi regazo? Yo lo mire. Yo lo quería tanto y lo acompañe 33 años. Ahora ha redimido al mundo por su crucifixión, y nadie quiere entenderlo hasta hoy.

Este dolor que yo siento no pueden imaginarse, pero yo les ruego a todos, tomen su cruz en agradecimiento de poder cargarla. Si solamente miran a su cruz, su salvación está segura. Sin cruz no hay salvación. Mucha gente cree hoy, que pueden evitarse la cruz, que la pueden sacudir, pudieran trabajar con todos los medios para no tomar la cruz. Pero se daran cuenta, que no se puede sin la cruz. La cruz es parte de la vida cotidiana. Cada persona tiene que cargar su propia cruz. Voluntaria o involuntariamente. Cuando la gente intenta sacudirse la cruz, entonces el pronto sentirá que se pone aún más pesada, porque yo como la Madre Celestial, tengo compasión con los míos y miro cada una de las cruces y le pido al Padre Celestial, que lo alivie, porque yo quiero a mis hijos Marianos. Yo deseo hoy darles las gracias, de que ustedes hoy por lo menos en este día de hoy han tomado conciencia de que sin cruz no hay salvación. Ustedes son voluntarios y agradecidos de que pueden mirar siempre a esa cruz, y cargarla. También la cruz del césped en Meggen es una señal del amor de mi Hijo. Muchas gentes corren hacia allá para poder llevar su cruz.

Algún día, mis queridos, podrán ustedes ver en el firmamento, la cruz iluminada. Entonces sabrá la gente, que sin la cruz no se puede. Ellos podrán ver su propia cruz, sus propios pecados serán presentado delante de sus ojos. Ellos tendrán que llorar lagrimas amargas, si ellos hasta ahora no han reconocido sus culpas en una buena y santa confesión.

Durante la intervención del Padre Celestial, algunas personas correrán perdidos por las calles sin saber más nada. Porque no pueden cargar con su propia culpa, la que vieron delante de sus ojos en la visión del alma, porque su culpa pesa mucho, la que han cometido en toda su vida.

¿Estas personas nunca han preguntado cómo vivo con mi culpa? Como y donde puedo hacer una buena confesión? Ahora es muy tarde para confesarse. Lamentablemente lo han visto demasiado tarde.

Yo, como Madre de Dios, siempre quise tocar sus corazones, pero no han oído mi corazón ardiente. Yo quería prevenirlos todos de sus culpas pesadas porque yo como Madre Celestial quiero a todos los niños del Padre Celestial. Cada niño que viene donde mi le ayudare a regresar con el Padre.

Todos deben buscar refugio bajo mi manto. Conságrense a mi inmaculado corazón, para que entren en el puerto seguro de la fe.

Queremos dar gracias a la Madre de Dios por todo ese sufrimiento que ha tomado por todos nosotros, como Mediadora bajo la cruz.

Así los bendigo yo hoy a todos como su querida Madre, la Madre de los siete dolores, con todos los Ángeles y Santos, en gran agradecimiento, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Estén preparados mis queridos niños de María a aceptar su cruz, para que puedan ver en un futuro en el cielo la gloria eterna.

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2 Comments

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