03 de julio 2016 – séptimo domingo después de Pentecostés

El padre Celestial habla después de la santa misa de la ofrenda en el rito latín por Pio V. a través de su dispuesta Valente y obediente instrumento e hija anne.

Anne: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La santa misa de la ofrenda fue celebrada hoy con todo respeto.

El altar de la ofrenda estuvo sumergido en una luz color oro, como también el altar de María estuvo cubierto en una luz brillante de color oro. El ramo de flores estuvo especialmente bello. Las rosas rojas oscuras de la Madre de Dios, mostraban el amor de su inmaculado corazón.

El Padre Celestial hablara hoy:

Yo, el Padre Celestial, hablo ahora y en este momento a través de mi dispuesta, obediente y valiente instrumento, e hija anne, la que está en mi total voluntad y que solo repite palabras que vienen de mí.

Querido pequeño rebaño, queridos hijos del Padre, queridos seguidores y queridos peregrinos, creyentes de cerca y de lejos. Yo, deseo hoy, domingo darles informaciones especiales. El evangelio les dice a todos ustedes. Yo el Padre Celestial le muestro a mis perseguidores mis elegidos.

¿Puede un buen árbol dar frutos malos y puede un árbol malo dar buenos frutos y sacarlo a la luz? No mis queridos, así no es. Ustedes mis queridos, preguntan: ¿dónde están nuestros buenos frutos? ¿Vosotros no los reconocéis mis queridos? ¿No los han reconocido en los seguidores? ¿No han visto como han crecidos los seguidores en la santa misa de la ofrenda en la mulde y la comunidad del rosario que los buenos frutos crecen y florecen? La hierba mala fue sacada. Estos, mis seguidores, han tomado todo consigo. Ellos van detrás de ustedes y no seden, al contrario, van a seguir creciendo en cantidad y en la fe.

Estén preparados, siguiendo mis deseos. Les voy a proteger y ensenar, que pueden proclamar mis palabras, en toda su verdad.

Todos los esfuerzos, todas las enfermedades y todos los problemas lo han soportado y siguen diciendo “si, Padre, como tú lo quieres, debe suceder”.

Gracias, mis queridos, por esta respuesta. Si quieren seguir este camino van a necesitar de mi fuerza.  Solamente en la fuerza divina podrán lograr este futuro. Quédense en la confianza y en la esperanza, que yo, el Padre Celestial arreglaré todo en muy poco tiempo.

Una total confusión, un caos, ha entrado en la iglesia de mi Hijo Jesucristo.

Todo lo que debería tener respeto en la verdadera fe católica está totalmente irreconocible. Nadie puede reconocer la verdadera fe católica y ninguno regresa por el pedido de un sacerdote, que celebra la santa misa de la ofrenda indignamente, porque esto es una comida comunitaria en la que él se encuentra. Los laicos todavía hoy dan la santa comunión en la mano. Los sacramentos no son donados dignamente. Los sacerdotes obedecen al segundo vaticano. Ellos reconocen, que todo ya no corresponde a la verdad, pero no cambian nada mis queridos hijos sacerdotes. No tienen la valentía de reconocer la verdad. A cada uno de los sacerdotes lo he comprado a través de la sangre de mi Hijo Jesucristo. Yo le he permitido particularmente, seguir mis palabras y vivir el verdadero sacerdocio y llevarlo al mundo y motivar a la gente a regresar y donar el sacramento con dignidad. Pero sobre todas las cosas les he llamado yo a ustedes, para que celebren la santa misa de la ofrenda en toda su verdad y respeto por Pio V. en el rito latín. Ustedes hasta ahora no me han obedecido.

Qué triste esta todo el Cielo, porque los hijos sacerdotes a pesar de muchas amonestaciones, se han retirado cada vez más. Ellos le han dado al modernismo su to tal “si”. así abro yo la puerta del mal y el protón. Ellos no podrían regresar, cuando yo el Padre Celestial, no hubiera encargado tantas almas de expiación. Esto les hace a ellos posible la decisión de que regresen. Su vida debe ser una vida de sacerdote por toda la eternidad.

Esto debe cada sacerdote a testiguarlo. qué triste estoy por cada sacerdote, por lo que yo tengo que pelear. Cada persona es un individuo, una personalidad y al que le he dado unas gracias excepcionales.

Lamentablemente muchas veces no serán aceptadas estas gracias, aunque en cada misa de la ofrenda son nuevamente derramadas las corrientes de gracias que son mi amor, mi amor nunca termina. Voy a preguntar a cada uno nuevamente: ¿estás listo ahora mi querido hijo sacerdote? lléname ese deseo, para seguirme y respetar todos mis mandamientos? No reconocen mis queridos que este falso profeta ha fallado en todo, a lo que se refiere la fe católica, este falso papa está totalmente en la equivocación y confusión. ¿Porque no regresan por fin?

Yo los miro a ustedes con mucho anhelo. Son los ojos del amor mis queridos sacerdotes. ¿Pueden resistir a estos ojos? Yo, el Padre Celestial, tendré que intervenir, aunque no lo quiero. Yo tengo que intervenir en una forma de fuerza poderosa e incomprensible. Esto es muy amargo para mí. La obscuridad aparecerá en todo el firmamento.

En la oscuridad aparecerá la cruz divina con una luz intensa completamente en todo el firmamento.

La gente caerá delante del que todo lo puede, la santísima trinidad en Dios y reconocerán sus pecados.

Muchos lo lamentarán, porque no podrán cargar con esas culpas. Otros por eso morirían, porque sus culpas son tan grandes que no podrán ponerse delante de mí, el Padre Celestial. Ellos no creen en el sacramento de la confesión. Ellos no creen en eso, de que yo los puedo perdonar en cada situación. Cuando ellos vienen a mí con su carga de pecados siempre deseo perdonarles, pues se los voy a pedir: vengan mis niños a mis brazos. Yo los quiero y no voy a hacer rencoroso, al contrario, tu eres mi hijo perdido, al que tomo en mis espaldas y lo llevaré al reino de mi Padre.

Créanlo mis queridos pues yo soy, el Padre Celestial que todo lo perdono, el que lleva a todas sus ovejas a los prados verdes.

Mi Hijo Jesucristo, es el buen pastor. El Espíritu santo los va a iluminar. Si tienen el deseo de regresar, él se los hará a reconocer.

Crean en mi amor y confíen en mí, entréguense completamente a mi deseo. Entonces estarán protegidos. Confíen en el amor de vuestra Madre Celestial. Ella aplastará la cabeza de la serpiente. Ella hará lo que es bueno para ustedes. No les faltará nada, si ustedes se consagran al corazón inmaculado de su Madre Celestial.

Yo los bendigo ahora en la santísima Trinidad, con todos los Ángeles y santos, sobre todo con su Madre Celestial.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Yo los sumergió en el mes de Julio en la sangre preciosísima de mi hijo Jesucristo.

Estén preparados y síganme, al Padre Celestial.

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